Lady Moraga

De Moritz a Ralui, el antepasado indígena parece artesanal. Cuenta la historia, según Glanville: “…y todo de todo, nada de nada… excepto yo mismo…”. Habiendo viajado en lomos del zorro Muffet, Lady Moraga se cuestionaba: “Será parte de mi idiosincrasia viajar de este modo? O acaso he de tener buen gusto?” Y así fue como llegó a orillas del rio René, en donde las admiradoras del paté de sanhueza, el aceite de marta y el estravismo le recibieron con cánticos de enjundia y concupiscencia.
De harapos, trapitos y fieltro, vestían las indias patizambas, en medio del calor desmenuzante. Su chozitas, hechas de hebras de cebra y hurón clamaban a la suave brisa. “Mis Indias! Nunca en de repente habrá pisado el hombre un lugar así; pero yo que soy Lady Moraga me acuso de soberbia y orgullosa, ya que de dedicarme a coser y cantar hay de aquí un paso más allá”.
Dichas estas palabras las indias del René le llenaron de insultos y flechas mientras caía al agua. Herida en su riñon izquierdo, su manita, su mantita y su tocado en broquelado cobrizo, se alejo sollozando y maldiciendo a las indias, ya que no tuvieron orejas para oir su mensaje recalcitrante.
Las indias en su afán por permanecer cautas, se volvieron a sus enseres y cantaron las loas con lirismo.









